Más allá de los sueños

Los niños duermen. Carla y Álex terminan de recoger los platos de la cena.

-Ya sé que es tu trabajo Carla, sé que es tu pasión y sé que toda esa gente te necesita. Pero los niños y yo, también te necesitamos. Tienes una familia ¿sabes? también somos tu responsabilidad. ¡Por el amor de Dios, Carla! has estado en el  Congo, te has expuesto a virus mortales. Y ahora vuelves como si nada, ¿y si estás infectada? ¿y si perjudicas la salud de tus hijos?

Mini Ela

Mini Ela

– ¡Vamos Álex! eso es pura demagogia. Sabes muy bien que para volver a aquí he tenido que pasar un montón de controles. Estoy bien, no voy a perjudicar a nadie. Y menos a mis hijos, sabes que nunca los pondría en peligro.
-Si, esta vez hemos tenido suerte. Pero ¿y ahora qué? la semana que viene te vuelves a marchar, y esta vez a Siria. ¿ No había un conflicto más jodido? ¡No, claro que no! la superdoctora tiene que ir a salvar a los pobres niños sirios. ¿y tus hijos qué, Carla? ¿Qué pasa con Dani y Clara? Ellos también se ponen malos ¿sabes? Ellos también necesitan a su madre. ¿Y yo? ¿Que pasa conmigo? Cada vez que te vas, me paso el día colgado de internet, obsesionado con las noticias. No consigo dormir por las noches, me las paso ensayando la conversación que tendré con los niños cuando llegue la llamada. Esa llamada que me diga que has muerto -pone voz grave imitando a un presentador del telediario -“Cooperante española perteneciente a Médicos Sin Fronteras muere al ser alcanzada por una bala perdida en un campamento de refugiados sirio” ¡Joder Carla! ¿Qué les voy a contar?
– Pues la verdad Álex. ¡La verdad!- Carla tiene los ojos llorosos, pero se niega a soltar una lágrima- Soy una buena madre y una buena persona. Si tengo morir por ayudar a aquellos que me necesitan lo haré y mis hijos estarán orgullosos de mi.
– Estás loca, se te ha ido la cabeza. ¿En serio no te importan las secuelas que puede dejarles a tus hijos? Porque ya no te lo pido por mí, hace tiempo que aprendí a vivir a la sombra de tu ego. Hace mucho tiempo  que me resigné a compartirte y a ser uno más entre las cientos de personas que pasan por tu vida. Pero te lo pido por favor, hazlo por los niños…

Una semana después. Aeropuerto Adolfo Suarez, Madrid.

 
Carla baja del taxi y entra en la terminal de salidas de la T4. Se acerca a las pantallas de información para comprobar los datos de su vuelo antes de encaminarse hacia  el control de seguridad. En su vida ha pasado muchas horas en aeropuertos, pero esta ocasión es distinta. A pesar de las ganas que tiene de afrontar esta nueva aventura, siente una presión en el pecho que la impide pensar con claridad.
Mientras avanza entre las catenarias que delimitan la fila, observa a su alrededor las muestras de cariño de parejas, familias y grupos de amigos que se separan antes de cruzar hacia la zona de las puertas de embarque.  No habrá despedidas para ella.
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