Hamlet 2.0

Elsinor, Dinamarca. 2015.

Habitación del Elite Hotel Mollberg

Ambos personajes se encuentran tumbados en la cama, separados por un cenicero lleno de colillas y restos de marihuana.

Hamlet: No se si estoy o no estoy. Si voy o si debo quedarme. A veces me pregunto ¿qué es mejor? No sé si prefiero sufrir, sin inmutarme, todas esas desgracias que la vida me va poniendo por delante, o si por el contrario debería plantarles cara y luchar contra ellas. Sí, lo admito, en ocasiones he preferido morir. Porque ¿qué es la muerte, sino un sueño? Cuando duermes, no existe la tristeza, los problemas desaparecen. Y ahí está la gran duda de la humanidad. Si la muerte no fuera algo desconocido, si supiéramos que ocurre cuando nuestro corazón deja de latir, el ser humano no sería tan infeliz. El miedo de que habrá más allá de la vida y cómo será ese sueño eterno es lo que nos mantiene vivos. Porque si supiéramos qué lo que nos espera es tan bueno como lo imaginamos, ¿para qué íbamos a vivir esta vida que tanta angustia nos crea? Si, somos unos cobardes. La prudencia de los hombres es en realidad su peor enemiga. Dejamos de hacer tantas cosas en esta vida por miedo a lo que puede pasar… (Silencio mientras la mira con los ojos lleno de lágrimas) Perdóname, Ofelia, espero que todos estos miedos que te estoy contando no te hagan alejarte de mí.

Ofelia: Tus miedos no me van a ahuyentar Hamlet. Lo que si me hace temblar son tus palabras, todas esas palabras que un día me dijiste con tanto sentimiento y que, sinceramente, creo que han caído en saco roto. Has cambiado, tu actitud hacia mí ya no es la misma. Por ello te devuelvo tus palabras, quiero que te las quedes, porque sé que no soy merecedora de tantas mentiras, que quizás, solo quizás, en otro tiempo fueron verdad.

-Hamlet: ¡Pero que osada es la belleza! ¿Crees que por tener esa bonita sonrisa eres más sabia? ¿Crees que puedes venir aquí dándome lecciones de lo que está bien y lo que está mal? ¿Eres honrada, puedes decir que eres justa e íntegra? Porque creo que la belleza y la honradez no son dos cualidades que vayan de la mano, y menos en una mujer. Yo estaba enamorado de ti Ofelia.

-Ofelia: Si, eso es lo que yo creía.

-Hamlet: Pues no debiste creerme. En realidad nunca te quise.

-Ofelia: Pues, desde luego, lograste engañarme.

-Hamlet: Mira, creo que lo mejor es que te marches, que te vayas lejos. En realidad eres una buena chica, no te deseo ningún mal. Si te quedas, ya sea a mi lado, o junto a otro hombre, perderás tu inocencia, perderás tu magia. Serás una más de esas pecadoras, tendrás hijos que llevarán ese estigma de la imperfección. No sé si te deseo la soledad, porque tampoco ella es una buena compañía, pero al menos si te enamoras que sea de alguien como tú, una compañera que te guíe por la vida, pura e inocente.

-Ofelia: Por Dios, Hamlet, te has vuelto completamente loco. Solo espero que encuentres el camino que te lleve de nuevo hacia la cordura.

-Hamlet: ¡Como sois las mujeres! Con esas sonrisas y esas miradas intentáis embelesarnos. Os contoneáis delante de nuestros ojos y nos regaláis las palabras que nuestros oídos quieren escuchar. Pero no sois más que unas brujas que con vuestros hechizos lográis esconder todos esos defectos que tenéis, apareciendo ante nosotros como falsas diosas. Pero ¡Basta ya! Me has cabreado de verdad. Ojalá Dios me escuche, y los hombres aprendan que están mejor solteros. El matrimonio es una simple trampa de Lucifer, que aunque nadie quiera creerme, no es más que una mujer con cuernos y rabo.

(Hamlet sale de la habitación dando un portazo)

-Ofelia: ¡No puedo entender lo que ha ocurrido! ¿Será mi culpa? ¿Seré yo quien le ha hecho volverse tan cínico y déspota? No queda nada de ese chico que yo conocí, aquel muchacho que me susurraba al oído canciones de amor, que me regalaba flores cada sábado, y que me llevaba a ver las estrellas. Quizás mi padre tenía razón, quizás solo quería conseguir ablandarme para acostarse conmigo. ¡Pero que desgraciada soy! Yo le quería de verdad, de verdad que le quería. Tenía el firme sentimiento de que lo nuestro era sincero. ¿Y ahora qué voy a hacer yo? (Rompe a llorar)

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Misma ciudad, misma habitación de hotel. La mañana siguiente.

(Hamlet llama a la puerta y al ver que nadie responde, saca su llave y la abre)

-Hamlet:¿Ofelia? ¿Ofelia cariño?(silencio) ¿Ofelia, estás aquí?

(Revisa la habitación y al no verla, se dirige al cuarto de baño y abre la puerta que se encontraba cerrada)

-Hamlet: ¡Pero qué has hecho! Dios mía Ofelia, ¿Por qué? (Se encuentra el cuerpo de Ofelia desnudo y sin vida en la bañera. El brazo derecho, completamente ensangrentado debido a un grueso corte a la altura de la muñeca, apoyado en el borde). Un átomo de mi impureza ha corrompido a la más pura de las sustancias. Con mis estúpidas palabras he conseguido volver loca a la cordura. (Cae al suelo de rodillas y comienza a llorar) Ofelia, tú eras mi norte, eras la realidad que me hacía mantenerme a flote en esta vida de ficción. ¿Quién va a ser ahora mi brújula? Aquí tan quieta, sumergida en el agua, eres como las ninfas, pura como la nieve, (la toca) fría como el hielo. Es extraño pero pareces estar de nuevo en tu elemento. ¡Qué tremenda ironía! Verte rodeada por estos azulejos cubiertos de flores, parece como si tú misma hubieses adornado tu capilla ardiente, como si te hubieses puesto bonita para recibirme, para invitarme a acompañarte en ese sueño desconocido que tanto miedo me produce. Morir es dormir, … y tal vez soñar.

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